Con el diario de ayer somos todos vivos, pero con la caída del dólar, aquellos que tuvieron el coraje de ponerla a interés, ganaron. Es justo reconocerlo. Pero como "el que apuesta al dólar pierde", nadie se anima a hacerle pito catalán ni a los economistas ni al Rofex que sigue retrocediendo en las ojotas de Lavagna, pero todos temen que al terminarse las liquidaciones del agro, el dólar tenga una recaída y levante temperatura. La verdad es que las 23 millones de toneladas que se llevan vendidas de maíz empujan fuerte, tanto o más que las 6.4 de soja y el trigo sigue vendiéndose a Brasil a un ritmo de 400 a 450 mil tons mensuales, sin que se produzcan los vaivenes esos que le gustan al productor: "acordate, no va a haber más trigo en setiembre y se va a las nubes". Si falta trigo al mercado interno los poseedores del trigo lo volcarán nuevamente por precio y se acaba la fiesta. En ese caso, sólo unos privilegiados que lo sostengan podrían sumarse, pero la mayoría deberá asumir compromisos para siembra de fina pues las tasas no son amigables para salir a financiarse. Será una buena excusa para que muchos productores comiencen a sanear su economía y entender que es muy duro el endeudamiento. "Yo crecí endeudandome" suelen recordarme algunos, pero la entrada al campo la llaman Avenida Duhalde, no sé porqué.